REGALO DE NAVIDAD
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REGALO DE NAVIDAD

Buscaba el regalo perfecto para mis seres queridos. Parecía que caminaba sin rumbo, todos corrían y yo también. Se acercaba la Navidad, compras, obsequios, tanto por hacer y el tiempo no cooperaba, se deshacía como hoja seca quebrantada por el viento. Sin darme cuenta tomé por el pasillo equivocado. Encontré una puerta abierta y entré a una sala inmensa en donde solo había una banca vacía. Me senté, poco a poco me fui relajando, respiré profundo, mi alma sintió fragancias y sensaciones que ese ambiente desprendía.  Me olvidé del apuro que llevaba y el lugar se fue llenando, o más bien abrí mis ojos y todo fue apareciendo. Había un jardín precioso, flores de vibrantes colores, personas, árboles, mariposas, animales silvestres.  Fue cuando el milagro se dio, de una forma maravillosa nos podíamos comunicar y conectar.

Un niño con ojitos brillantes vino a mí, en sus tiernas manos traía un pedazo de pan, era la compasión, él pudo ver en mí, ni lo que yo sabía, tenía hambre. Acepté el pan  y comí, luego le di un gran abrazo a aquel precioso niño, de seguro mis ojos brillaban como los suyos.   Gracias, gracias, gracias, respondió todo mi ser.

Los animales empezaron a acercarse, todas las personas me sonreían y hacían fila para venir a abrazarme, las flores esparcían su perfume, los pájaros cantaban, y así estuve rodeada de tanta belleza y bondad sin saber qué hacer.

Descubrí que cada uno de ellos era valioso y traía  un regalo para mí. Debía abrazarlos, sentirlos, respirar su aroma, agradecerles por estar ahí, y todo su amor y ternura se quedaría en mi y formaría parte de mi vida, al igual que yo en las suyas.

La buena salud apareció, un colibrí verde metálico,  era su emisario, apenas  lo observé, un aire fresco invadió todo mi cuerpo. El colibrí se paseó por todos mis tejidos, depositó la buena salud en mi y se llevó aquello que podía causarme algún tipo de molestia. Sentí el cosquilleo bajo mi piel. ¿Cómo saldrá de mí, me pregunté? Simplemente respira, fue la respuesta que llegó. Exhalé y él salió llevándose todo aquello que no era benigno en mí. Me sentí sana y rebosante de energía. Gracias, gracias, gracias, respondió todo mi ser.

Las buenas intensiones entraron en alas de mariposas, miles se fueron posando en mi corazón, hasta que mi ser se tiñó de púrpura y un polvo luminoso me invadió por completo. Todo en mi se fue impregnado con aquel polvillo,  me sentí amada, agradecida, y llena de bondad  como nunca antes. Gracias, gracias, gracias, respondió todo mi ser.

Cuando pensé que el milagro había terminado, y me disponía a abandonar aquella banca, unos venados de cola blanca, me detuvieron, la alegría se apoderó de mi alma, ellos venían a mi y movían su cola, y de un salto me impactaron al punto llenarme con su dicha, mi corazón era un mar de felicidad, la plenitud que sentía no tenía fin, extensa, infinita. Gracias, gracias, gracias, respondió todo mi ser.

Ahora podía levantarme, retirarme de aquel paraíso, pero no quería, la banca que me sostenía ahora era parte de mí, éramos uno, y me lo hizo saber.

“Puedes ir y venir cuando quieras, aquí estaré. Quiero que sepas que siempre estuve, y te esperé. Yo soy, tú, todo, la belleza que te rodea y hasta el aire que respiras, pero andabas tan ocupada que no lograbas verme, y cuando por primera vez miraste, te parecí solo una banca vacía, como tú.  Tuviste que hacer un alto, sentarte, observar, contemplar y descansar en mí, para descubrirte a ti. Ahora somos una, uno, como siempre lo fuimos, sin separación alguna. Planté y sigo plantado en tu mente, alma y corazón todo lo bueno que siempre soñaste, no permitas que éste regalo se seque o se pierda por la prisa que llevas.   Nunca dejes de contemplar, agradecer, sembrar, regar, soñar, en fin, no dejes de vivir, de sorprenderte con cada precioso detalle que encuentres en tu camino, porque soy yo, eres tú, eternamente conectados”

Así fue que entendí que la puerta de ese santuario de bendición estuvo siempre abierta y no solo yo podía gozar de tantos dones y regalos, todos podíamos, había un letrero inmenso afuera que decía:

 

REGALOS PARA MI:

VEN, ENTRA, SIÉNTEME, OBSERVA,

CONTEMPLA Y AGRADECE.

REGALOS PARA TI:

TODO AQUELLO QUE DESEE TU BUEN CORAZÓN

SE TE DARÁ SI VIENES A MI. 

Te amo

Amor Divino, Dios.

1 Comment

  1. Isis Becerra dice:

    Hermoso regalo, nosotros en el corre corre diario los pasamos por alto, nos interesa más lo que vemos afuera que lo que llevamos dentro. Cuando callamos la mente, llegan los milagros y no hay uno más grande que La Paz y la tranquilidad de sentirnos libres y conectados al universo creador. A todos nos llega el momento y de diferentes formas, me enamoro ese relato.

    Gracias por compartir

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