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UN VIAJE ENTRE AMIGOS POR ITALIA

Este artículo lo dedico a mi esposo, fue él, que con dedicación y entusiasmo organizó cada detalle de este maravilloso viaje. Su perfeccionismo, fue el motor que nos llevó a vivir una experiencia inolvidable. Viajar en grupo es un reto logístico, pero él lo asumió con pasión, buscando hospedajes que reunieran las amenidades necesarias para todos, diseñando rutas, horarios y momentos especiales. Aunque en algunos momentos no todo salió como lo planeado, cada imprevisto se convirtió en parte de la aventura por Italia.
MILAN
Llegamos a Milán, pero para nuestra sorpresa solo llegó el equipaje de una de las parejas, y éramos tres. La  aerolínea nos ofreció ropa básica y artículos de higiene, y al día siguiente, temprano, las demás maletas llegaron al hotel. Fue nuestra segunda visita a esta ciudad, y esta vez hicimos un recorrido guiado con un, italiano, conocido de nuestros amigos. Comimos delicioso y descubrí que prefiero el Campari al Aperol.
El fin de semana lo dedicamos a la Fórmula 1 al Gran Premio de Monza. Aunque para mí la carrera no tuvo esa adrenalina y emoción, porque Max Verstappen ganó sin competencia, el ambiente alegre, el sol intenso y la buena compañía hicieron que todo valiera la pena.
PISA
Viajamos en tren a Pisa, conocimos la famosa Torre inclinada, caminamos, comimos delicioso, y tomamos muchas fotos para el recuerdo. Al día siguiente, fuimos al aeropuerto a recoger los autos que habíamos reservado, pero sucedió algo inesperado, las arrendadoras exigían licencia física a los conductores, y solo tenían la digital, que no fue aceptada. Mientras nuestros esposos hacían la gestión para conseguir los autos, nosotras conversábamos con calma sobre disfrutar cada momento, sin afanarse, porque al final todo sucede por algo, y hay situaciones que no podemos cambiar. Los caballeros conversaron con varias agencias hasta que una dijo que sí.   ¡Teníamos los dos autos para comenzar nuestra travesía por la Toscana!
SAN  GEMIGNANO
El trayecto hacia San Gimignano fue una auténtica postal, cipreses perfectamente alineados, extensas llanuras verdes y viñedos que se perdían en el horizonte nos acompañaron todo el camino. Almorzamos en Giardino Bistró, un restaurante encantador cuya ventana estaba enmarcada por pequeñas plantas en potes con flores rosadas y amarillas que parecían solecitos, adornando la vista hacia las colinas toscanas.
Brindamos con un buen vino, saboreamos platos caseros llenos de autenticidad y recorrimos el pueblo, cautivados por las imponentes torres medievales que lo rodean. No podía faltar la parada en la Gelateria Dondoli, galardonada en 2024 con el helado más famoso del mundo. Por supuesto, nos dimos el gusto de probar diferentes sabores.
FATTORIA DE CONSIGNANO
Al caer la tarde, llegamos a la Fattoria de Consignano, una villa ecológica que cultiva su propio vino y vegetales frescos. Allí, entre racimos de uvas maduras y el inconfundible aroma de la tierra húmeda, disfrutamos una cata de vinos que se sintió como un verdadero sueño, especialmente por el privilegio de recorrer los viñedos, y hospedarnos justo en el corazón de ellos. La experiencia fue casi mágica, como habitar las páginas de un cuento. Nuestra estancia fue de dos noches, la primera estuvo marcada por una lluvia intensa, y el sonido del agua repiqueteando sobre el techo fue para mí un deleite, un bálsamo que me envolvió y me regaló el descanso más que profundo.
SIENA
Siena nos recibió con mucha lluvia. Como no se permite entrar con autos, estacionamos y atravesamos la muralla a pie. Caminamos bastante, observando el ambiente tranquilo y los muros de ladrillos rojos. Tomamos café en un pequeño puesto, y luego seguimos el recorrido, y a pesar de los paraguas, nos mojamos. Dos de las parejas teníamos una visita al Duomo, la catedral que se destaca por su diseño gótico y su riqueza artística estampado en los pisos de mármol.  Sin duda es toda una obra de arte, impresionante.
EL CASTILLO DE BROLIO
Visitamos el Castillo de Brolio, rodeado de viñedos en el corazón de Chianti. Fue una experiencia inolvidable. Me fascinó conocer la historia del lugar, la propiedad ha pertenecido a la familia Ricasoli desde hace más de ocho siglos. El castillo es una armoniosa mezcla de arquitectura medieval, jardines bien cuidados y una rica tradición vinícola. Realizamos el recorrido que consistió en una caminata por sus murallas admirando las vistas de los viñedos que se extienden hasta donde alcanza la mirada, entramos a una pequeña capilla donde aún descansan los restos de algunos miembros de la familia, y terminamos la visita con una cata de vinos Chianti Classico, elaborados según la receta original del barón Bettino Ricasoli. La cata fue agradable, envuelta en historias, sorbos, y una que otra carcajada que no pudimos controlar, fue cuando la persona que daba la explicación dijo, “esto es lo que sucede cuando se toma vino”, y todos se echaron a reír.
PIENZA
Nuestra parada en Pienza fue breve pero encantadora, pues el pueblo quedaba justo en nuestra ruta hacia el siguiente destino. Este rincón de la Toscana es pequeño y se puede recorrer en poco tiempo. Caminamos sin prisa por sus plazas y por callejones estrechos y adoquinados, apreciando el ambiente tranquilo y sus construcciones históricas. Al llegar a las antiguas murallas, nos detuvimos para admirar los paisajes ondulados que se extienden a lo lejos, viñedos, cipreses y colinas doradas. Pienza está repleta de rincones perfectos y  nos encontramos con uno de ellos,  la Via Del Bacio,  y por supuesto aprovechamos para capturar el momento en imágenes.
MONTEPULCIANO
Al llegar a Montepulciano, descubrimos que, como ocurre en muchos de estos encantadores pueblos toscanos, no era posible acceder con los autos al centro, pero había algo particular en este lugar,   una escalera super inclinada.   Optamos por dejar los vehículos en un estacionamiento de pago, buscando mayor seguridad, aunque también había espacios gratuitos. Las maletas pesaban más de lo deseado, así que cada pareja seleccionó únicamente lo imprescindible para la estadía de dos noches y emprendimos la subida por las empinadas escaleras hasta el hospedaje. El ascenso no resultó nada fácil,  pero lo afrontamos con buen humor y compañerismo, lo que hizo del momento una anécdota divertida. Nos alojamos en el Hotel Il Buonumore, un lugar acogedor.  Esa misma noche, cenamos en la Osteria Acquacheta, donde saboreamos una exquisita Bistecca alla Fiorentina que nos dejó tan satisfechos que solo quedó el hueso. ¡Sin duda, la mejor cena del viaje!
UN DIA POR VAL D’ORCIA
Nuestros compañeros de viaje decidieron quedarse a descansar y renovar energías, así que mi esposo y yo salimos temprano a explorar otras áreas de Val d’Orcia. Visitamos Bagno Vignoni, donde observamos las piscinas termales desde arriba. Llegamos al pueblo de   San Quirico d’Orcia y subimos hasta los famosos cipreses. Me ilusionaba caminar entre ellos y apreciarlos de cerca. Guiados por Google Maps, tomamos un camino de tierra con paisajes pintorescos y rurales, que nos llevó a un pequeño sendero con espacio para estacionar. Dejamos el auto y caminamos sin prisas hasta los cipreses, la tarde estaba preciosa, con sol radiante y un viento fresco que nos acompañaba, al igual que varias parejas de enamorados disfrutando ese rincón escondido. Como nos quedaba en la vía, teníamos la intención de llegar hasta la Capilla de la Madonna di Vitaleta famosa por su paisaje entre cipreses y colinas, pero no se nos permitió el acceso pues se celebraba una boda, la vimos de lejitos.
Al atardecer, nos reunimos con nuestros amigos para hacer una cata de vinos en las Bodegas Ricci. Bajamos a las cuevas y nos sumergimos en el año 1300 a.C. Fue una experiencia presente que inevitablemente te transporta a imaginar las historias y costumbres de quienes habitaron ese lugar hace miles de años. Y, a pesar del paso del tiempo, seguimos compartiendo el mismo placer por el vino.
La cena de esa noche fue la única que no teníamos prevista, por lo que una amiga tomó la iniciativa y reservó en un restaurante situado a unos quince minutos de nuestro alojamiento. Lo que desconocíamos era la peculiaridad del trayecto, pues debíamos descender hacia las afueras siguiendo una ruta cuya pronunciada pendiente nos anticipaba el desafío que enfrentaríamos al regreso. Mientras nuestros amigos se adelantaban, nosotros nos retrasamos unos minutos para dejar unas compras en la habitación. Fue un acierto, porque coincidimos con la espectacular puesta de sol desde la cima de Montepulciano, deteniéndonos en cada rincón para capturar con fotos la belleza incomparable del paisaje y disfrutar intensamente el momento.
Al final, nos reunimos con el grupo, que ya estaba relajado y feliz, disfrutando del vino de la casa en un local que descubrieron por casualidad para hacer tiempo antes de la cena. El sitio fue, sin duda, lo más memorable de la noche. Allí conocimos a la dueña, una mujer sencilla y con alma de artista, profundamente conectada con lo esencial. Nos habló sobre el amor y la metafísica, nos obsequió poemas escritos por su esposo y nos permitió contemplar sus pinturas. Probamos el mejor tiramisú que he degustado; aunque no suelo ser aficionada, debo admitir que era una verdadera delicia, y nuestro amigo, experto en este postre, lo corroboró.
La cena en el restaurante, que resultó ser gourmet, no fue lo esperado, pero estuvo aceptable. Sin embargo, después del encuentro con lo local y autóctono de Italia junto a la sencillez de la señora, nada se comparaba. Esto nos sirve de reflexión para entender que lo mejor de la vida no siempre, o necesariamente, es lo más caro ni lo más elegante.
El regreso fue todo un reto, la inclinada loma no decepcionó y nos provocó carcajadas, bromas y la esperanza de haber quemado algunas calorías tras tanta comida. El alegre grito de mi amiga, “¡Vamos, mis amores!”, animando al grupo a no detenerse, era tan divertido que nos hacía reír aún más y cerró la noche con alegría y complicidad.
FLORENCIA
Al llegar a Florencia, nos encontramos con una divertida confusión al buscar el sitio para entregar los autos. Mi amiga se bajó a investigar dónde debíamos ir y, creyendo que nos avisaría cuando estuviera lista, decidimos avanzar ya que no había lugar para estacionar. El tiempo pasaba y nos parecía extraño que no llamara; además, tomamos una calle equivocada, lo que nos hizo tardar aún más en regresar. Sin que lo supiéramos, ella corría detrás de nosotros mientras avanzábamos, pero nunca la vimos. Para sumar a la escena, nuestros amigos en el otro auto tocaban la bocina para alertarnos,  mientras nosotros acelerábamos pensando que los demás conductores estaban impacientes. Solo después comprendimos lo que pasó, “que confusione” Finalmente, todo se aclaró y pudimos entregar los autos sin mayores contratiempos.
Florencia, a pesar de estar repleta de turistas, nos cautivó con su encanto habitual, arte en cada esquina, tiendas fascinantes y artículos de cuero de excelente calidad a precios accesibles. En ese momento, empecé a sentir el anhelo de volver a casa; extrañaba a mis hijos y las ganas de seguir caminando se esfumaban. Sin embargo, el viaje continuó siendo hermoso, lleno de recuerdos compartidos y buenos momentos.
ÁMSTERDAM
Pasamos una noche en Ámsterdam para no tener que madrugar para el vuelo de regreso a casa. Compartimos una cena especial en el Sea Palace Restaurant y jugamos el juego de la tarjeta, todos pusimos una tarjeta de crédito en la mesa, el mesero eligió una al azar, y la de mi esposo fue la elegida para cancelar la cuenta, fue divertido. Luego caminamos por el Barrio Rojo, pues uno de los presentes no lo conocía.
Después, nos sentamos a disfrutar de una cerveza junto a uno de los canales. El viento soplaba con fuerza, caía una llovizna intermitente y el frío comenzaba a sentirse. Entre bromas y conversaciones sobre la vida de las mujeres en las vitrinas, acabamos reflexionando sobre los nuevos modelos de negocio y las formas actuales de generar ingresos, desde plataformas como OnlyFans. Entre risas se propuso, jocosamente,  reestructurar el taller de detailing de nuestro amigo, sugiriendo servicios especiales, atrevidos y personalizados para los clientes. Su novia, ingeniosa, creó un nombre tan singular, PICHA (Pintura y Chapistería) que nos provocó carcajadas y que, por supuesto, quedará guardado como el momento más cómico de la noche.
Este viaje fue una celebración de la amistad, la belleza y la aventura. Cada anécdota, cada paisaje, cada brindis y cada plato compartido nos recordaron que lo esencial no siempre está en lo planeado, sino en lo vivido. Gracias a nuestros amigos por ser familia elegida, y gracias a Italia por regalarnos tantos momentos y recuerdos memorables que ahora son  parte de nosotros.

 

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